Clave, impulsar profesiones con responsabilidad social

Clave, impulsar profesiones con responsabilidad social

Esta alianza esta impulsando que aumenten el número de mujeres en alcanzar sus sueños.

Montserrat tiene apenas 25 años. Esa edad, comparada con la esperanza de vida de 77 años que hay en México, corresponde a menos de la tercera parte de lo que le toca vivir.

Pues en su primer tercio de su vida, a Monserrat ya le ha tocado presenciar la muerte de cerca, sufrir la peor impotencia que quizá alguien puede experimentar y atestiguar el dolor de quien ha perdido a su ser más querido.

Ella es enfermera en el Hospital General Manuel Gea González, entró en noviembre de 2017 luego de realizar su servicio social en esa institución.

En su generación, recuerda, eran al menos 100 pasantes provenientes de distintas escuelas de enfermería.

Montserrat sólo identificaba a tres compañeras con quienes había compartido aula en el Instituto Marillac de la Ciudad de México.

Terminar los cuatro años de su Licenciatura en Enfermería y Obstetricia fue en gran parte posible gracias a una beca que cubrió 80% de su colegiatura durante toda la carrera.

“Fue de gran ayuda porque mis papás sólo pagaban el 20%”, dice, al recordar que su alto promedio del bachillerato le dio la oportunidad de solicitar la beca.

Aunque en ese momento ella no lo sabía, ese apoyo es sólo uno de los distintos que ofrece el Instituto a jóvenes de escasos recursos de todo el país para estudiar enfermería.

Esto es posible al contar con una casa albergue para los estudiantes provenientes de otras entidades.

Entre las compañeras de Montserrat, había jóvenes que como ella tenían cubierta una parte de su colegiatura, otras que recibían la totalidad de la matrícula y unas más que no sólo tenían el apoyo de la colegiatura a 100% sino que además vivían en el albergue donde obtenían alimentos y servicios de manera gratuita.

Bueno, no tan gratuita, debían estudiar mucho y mantener un buen promedio.

Pero eso nunca fue problema para Monserrat. Al terminar su pasantía, en agosto de 2017, obtuvo una de las 20 menciones de excelencia académica de toda su generación. Seguramente eso contó mucho para que la jefa de los pasantes le hablara apenas tres meses después de terminar su práctica para incorporarla formalmente en la plantilla laboral del hospital. Y ahora Monserrat ejerce una carrera para la que se preparó durante cuatro años y que resulta tan necesaria para todos en algún momento de nuestras vidas.

El trabajo en el hospital…

Entra a las 2 de la tarde al hospital y sale, si no hay ningún imprevisto, a las 9:30 de la noche. Descansa lunes y martes. Los fines de semana para ella son: hospital. Si le toca atender medicina interna, puede tener cuatro o cinco pacientes, mientras que en servicio de urgencias quizá sean uno o dos, “pero se trata de pacientes graves, que necesitan una intervención rápida y muy invasiva”.

Como aquel chico de 23 años, que sufrió un accidente en su motocicleta y llegó en brazos de cinco de sus amigos. Uno de ellos fue quien los alertó:

-¡Mi amigo se acaba de estampar! –les gritó.

Y entonces empezó la movilización, prepararon la unidad y lo recibieron. Tenía lesiones en la cabeza, en la cara, el cuerpo. Cuando lo monitorizaron, recuerda, no detectaron actividad cardiaca, aún así comenzaron los trabajos de reanimación y los mantuvieron durante 20 minutos. Pero nada, no se pudo hacer nada.

“Lo que más me impacto –dice Montserrat–, fue ver a su hermano. Se puso muy agresivo de querer entrar a verlo, primero le dijimos que se tranquilizara y cuando al final lo dejamos entrar, se paró delante de su hermano se puso a llorar horrible, eso fue algo que me causó mucho dolor, impotencia. Quizá si hubieran llegado más rápido, quizá algo se hubiera podido hacer…”

Eso que sintió Montserrat se llama empatía. Seguramente como escena de película le sacaría una lágrima a cualquiera. Pero no a ella, quien lo vivió y ahora lo cuenta. Eso también se llama fortaleza.

Profesiones con responsabilidad social

Aprender a ser empática con los demás, pero al mismo tiempo mantenerse entera es algo que le dejó su carrera.

“Nuestra formación tuvo mucho ese lado humano. Durante la pasantía, yo comparaba a mis compañeras y a mí con los jóvenes de otras escuelas y noté que en ocasiones no trataban a los pacientes con la amabilidad que yo veían en nosotras. Hay que buscar que el paciente se sienta bien, a gusto, ganarse su confianza, no sólo es cuestión de darle los cuidados de enfermería básicos. Hay que ser empáticos”.

Una de sus prácticas escolares, recuerda, fue ir a regalar tortas afuera del Hospital de Cancerología. “Pero la torta no era el objetivo principal, sino preguntarle a la gente que estaba esperando a sus familiares si les podíamos dar un abrazo, tratar de reconfortarlos, había gente que se desmoronaba y decía cuánta falta le hacía un abrazo”.

Para Monserrat, todo eso que aprendió es invaluable. Y el haber podido estudiar gracias a un apoyo económico le hace estar aún más agradecida.

Este tipo de apoyos son gestionados por Fundación Marillac a través del apoyo programa becas las cuales han ayudado a 35% de los estudiantes del Instituto en los últimos 8 años.

Apoyos de organizaciones responsables

Existen dos tipos de estos apoyos para estudiar enfermería: becas escolares que cubren de 40 a 100% del costo de la matrícula dependiendo el promedio, o beca de alojamiento, que cubre la totalidad de la matrícula y les permite vivir en el albergue con todos los gastos cubiertos. Estos apoyos son posibles gracias a contribuciones de empresas privadas.

Monserrat sabe que esto le dio una gran oportunidad, misma que agradece cada día a través del ejercicio de la enfermería, una de las profesiones con responsabilidad social. “Para mí, atender a un paciente es la forma que tengo de poner mi granito de arena, de dejar mi huella en el mundo”, dice.

Como toda chica de 25 años, Monserrat sueña en grande. Por lo pronto, desea continuar trabajando en el hospital para “seguir aprendiendo de diversas patologías”. También quiere realizar una especialidad en salud pública y, por qué no, poner una clínica para personas con diabetes, uno de los principales problemas de salud en el país.

Monserrat es una de las 475 mil 295 personas dedicadas a la enfermería en el país, de acuerdo con información del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). Su labor, como la de todos los enfermeros en el país, es fundamental ya que la Organización Panamericana de la Salud (OPS) recomienda un mínimo de 6 profesionales de enfermería por cada mil habitantes, mientras que en México hay apenas 3.9 para esa población.

Ante ello, apoyar a instituciones como Fundación Marillac se convierte muy importante en el país. Durante 2017, 52% de los recursos obtenidos a través de los esfuerzos de procuración de fondos de la organización provinieron de la empresa OHL México, que a través de su programa “Becas OHL México” aporta recursos para cubrir cuotas de colegiatura y costos del albergue de Fundación Marillac. La contribución realizada por la empresa durante 2017 será utilizada a lo largo de tres ciclos escolares para beneficiar a 31 alumnas en su formación en enfermería.

De acuerdo con el Informe anual 2017 de Fundación Marillac, otras contribuciones importantes recibidas durante el año pasado fueron de las empresas Johnson & Johnson (9%), Royal Holiday (7%), Axa Seguros (7%), entre otras.

Fuente: https://www.expoknews.com

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