El reto de la RSE para las empresas, el Estado y la sociedad: Algunas reflexiones preliminares que podemos considerar

El reto de la RSE para las empresas, el Estado y la sociedad: Algunas reflexiones preliminares que podemos considerar

“No conozco a ninguna empresa  que haya quebrado por invertir en derechos humanos y algunas que si por no hacerlo” – John G. Ruggie

“Manan riqsinichu mayqen hatun qhatuqkunatapas kutiy chiqa runakanaqpi llank’aspankumanta p’akikusqankuta hinallataq waquinkunata chayta ruwasqa llink’usqankuta” (Traducción propia al Idioma Quechua, Perú)

 Las transformaciones económicas y sociales que surgen de la globalización y competitividad empresarial conviven con innumerables problemas de índole  medioambiental, laboral, social,  retos éticos desafiantes; en donde hoy la sociedad demanda mayores responsabilidades a las empresas, una mayor  transparencia en el uso de los recursos naturales, la eliminación de escándalos de corrupción, objetivos de desarrollo sostenible, reputación , la reducción de la contaminación ambiental, respeto a los derechos humanos, credibilidad, gobierno corporativo, comunicación real no solo de  los impactos positivos sino también de los impactos negativos generados por la actividad empresarial,  entre otros.

Partiendo de la premisa anterior y ubicándonos dentro de mencionado contexto, la Responsabilidad Social Empresarial (en adelante “RSE”) progresivamente se encuentra ocupando los primeros lugares en las agendas diarias empresariales de los países exportadores de capital y poco a poco se han ido incorporando de manera voluntaria dentro de las estrategias empresariales en los países en vías de desarrollo. Siendo  crucial su entendimiento e interiorización para lograr un crecimiento económico sostenible, pues frente al impacto producido en la sociedad por parte de las empresas, las mismas facilitan su continuidad y desarrollo a través de su adopción, que sin duda tiene como punto de partida la profunda reflexión sobre cuáles son sus responsabilidades frente a la comunidad en donde se desenvuelve y genera impacto para adherirse como un  compromiso activo y voluntario. Es así que las empresas deben asumir el reto de encontrar, implementar y desarrollar su RSE, la cual forma parte de la misma desde su propio núcleo, como un ADN corporativo que le otorga vida y sostenibilidad. Ello no resulta ser un camino fácil pero tampoco espinoso por recorrer, considerando que nos encontramos ante la ausencia  de un marco legal apropiado que  regule jurídicamente a la RSE y genere la homogeneización de su concepto internacionalmente; pero que dichas circunstancias han favorecido a la autorregulación de las propias empresas y la evolución de la RSE, pues la misma no solo limita su cumplimiento a lo exigido legalmente.

“Empresas y sociedad deben unir sus esfuerzos para obtener un beneficio común”-Michael Porter

“Hatun qhatuqkuna llaptakunapas llak’anakun kuskalla allinta llapanchis kawsanachispaq “(Traducción propia al Idioma Quechua, Perú)

  vez, correspondería a la sociedad tomar conocimiento del rol que desempeña y  los desafíos que enfrentan las empresas cuando se adoptan prácticas de RSE y lograr -a través de una cooperación mutua y el diálogo transparente- un entendimiento sobre cuáles son las expectativas que tiene de la empresa, ya que no se trata solo de reintegrar lo que la empresa ha tomado de la comunidad, sino de un proceso equilibrado y efectivo en el cual es de vital importancia hacerse cargo de los impactos directos que genera la empresa en la comunidad afectada y que influyen tanto en el desarrollo de la empresa como de la sociedad.

Pues bien, poniendo en evidencia la relevancia y necesidad que reviste la RSE, constituye un desafío para el Estado enfrentarse al reto de fomentarla activamente desde su espíritu voluntarista, sin tornarse en un absoluto imperativo jurídico que pueda originar la indeseada desnaturalización de lo que entendemos por RSE y su propia existencia.

Por otro lado y no más alejado; hablar, debatir y reflexionar sobre RSE nos lleva a observar de manera inicial, el panorama en el que nos desenvolvemos y cuestionar si en la realidad denotamos o no la presencia de conciencia ambiental, cívica, social en el Estado, las empresas y la sociedad.

Finalmente quiero terminar este pequeño artículo citando una frase de Nelson Mandela que inspiró la redacción del presente cuando asevera que:

“Nunca tendrás un impacto en la sociedad si no cambias primero tu persona”

“Manan yupinchayta atiwaqchu llaqtapi mana ñaupaq runaykita t’ikraspa” (Traducción propia al Idioma Quechua, Perú)

Y es así, el primer paso que nos conducirá a un auténtico desarrollo será la interiorización de nuestras propias responsabilidades.

 

Sandra Margarita Huamán Luna

Abogada, Magíster en Derecho Tributario de la PUCP (Perú), Especialista en Responsabilidad Social Empresarial de la UCLM (España).
Sandra Margarita Huamán Luna
Categorias: Opinión

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