Empresas y Derechos Humanos. ¿Cuál es el bien a preservar?

Empresas y Derechos Humanos. ¿Cuál es el bien a preservar?

La publicación de los trabajos del Profesor John Ruggie, sobre Empresas y Derechos Humanos encomendados por las Naciones Unidas han sido sin lugar a dudas un hito para la comunidad empresarial.

Más allá de las connotaciones que los DD.HH. asumen en cada uno de nuestros países debido a múltiples factores políticos e históricos, hasta no hace mucho tiempo la temática parecía muy alejada del ámbito empresarial en el cual el derecho privado, las políticas empresariales y el cumplimiento de objetivos parecía ser el único marco prevalente.

Como se dijo, la publicación de los Principios Rectores de Empresas y Derechos Humanos colocan a la temática en el centro de la escena empresarial. Ahora bien, para una adecuada comprensión sobre su naturaleza y alcance debemos preguntarnos una y otra vez, ¿Cuál es el bien a preservar?

Esta pregunta, nos sirve para mantener el verdadero espíritu de su abordaje y evitar la “utilización de la temática para fines para los cuales los Principios no fueron concebidos”.

Puede apreciarse una tendencia empresarial bastante acentuada que consiste en ver a la temática de los Derechos Humanos como una verdadera amenaza para su desarrollo y por consiguiente se la intenta abordar desde esquemas defensivos que se apoyan en la gestión de riesgos.

A tal punto esto es así, que varias de los manuales y herramientas disponibles proponen abordar el tema bajo estándares ya consagrados sobre gestión de riesgos, como la ISO 31000 y otros similares.

Bajo esta mirada, muchos enfoque y herramientas utilizadas por sectores de la economía, invitan a las empresas a dinámicas de diagnóstico invirtiendo la naturaleza de los Principios Rectores de Empresas y Derechos Humanos, es decir, en vez de hacer un mapeo de las prácticas empresariales para detectar posible violaciones a los Derechos Humanos, estos enfoque y herramientas analizan los Derechos Humanos para identificar “en qué casos éstos pueden significar un riesgo para sus operaciones”.

Los Principios Rectores de Empresas y Derechos Humanos promueven metodologías de Debida Diligencia, entendidas como aquellos procesos exhaustivos y proactivos de identificación temprana de impactos a los fines de evaluar potenciales violaciones a los Derechos Humanos, y en función de dicho análisis, diseñar estrategias para evitar dichas violaciones.

El peligroso sesgo recién citado, que promueve que “el bien a preservar”, son las operaciones de la empresas y no los Derechos Humanos, conlleva también la idea de que la empresa, luego de identificar algunos riesgos, puede elegir sobre qué Derechos Humanos va trabajar.

Como se dijo, los Principios Rectores promueven metodologías de Debida Diligencia, y este proceso que debe ser exhaustivo, implica “peintar” la totalidad de Derechos Humanos para verificar si los mismos están siendo afectados por las operaciones de la empresa.

De otro modo, las empresas podrían elegir sobre qué Derechos Humanos trabajar, y dicha elección podría estar basa en el bajo costo de intervención, la prescripción de estar bien posicionado en el tema, la proximidad con las soluciones que se buscan promover.

Cada vez hay menos espacio para hacer las cosas sólo para mostrarse. Cada vez más los públicos claves refinan su capacidad de discernimiento, y con él, su escrutinio implacable sobre aquello que solo persigue la forma a costa de menospreciar el fondo. En otras palabras, si lo van hacer, háganlo bien.

Por Fernando Passarelli

 

Categorias: Opinión

Escribir Comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.
Campos Obligatorios*