Empresas, paz y desarrollo

Empresas, paz y desarrollo

“Una empresa ética es un bien público, del que se beneficia la sociedad en su conjunto. Pero también pueden tratar de influir en el gobierno y en la sociedad para que se genere y se ponga en vigor una legitimización acorde con los derechos humanos”.

Amartya Sen.

La evolución de los conflictos generados por la guerra y la violencia en las sociedades contemporáneas han modificado el concepto tradicional de paz, que ha evolucionado de una noción simplista, de ausencia de guerra, a un concepto más global e integrador relacionado con el fomento de una coexistencia democrática e igualitaria. En definitiva, este nuevo enfoque asocia y relaciona la construcción de la paz con el objetivo del desarrollo.

En algunas sociedades, el nivel de violencia y criminalidad es a veces más elevado que en otros países que han pasado por conflictos políticos de alta intensidad. Las raíces de esta violencia son esencialmente las desigualdades y la ausencia de alternativas económicas, donde la capacidad de resolver este tipo de problemas es limitada. Bien se trate de violencia social, política o de situaciones postconflicto, se hace patente la necesidad de contar con una sociedad civil fuerte.

Son muchas las experiencias que nos demuestran que la paz solo puede ser sostenible a largo plazo si se transforma en un proyecto conjunto de la sociedad. Los procesos de reconciliación tienen que abrirse a todos los grupos sociales y deben crearse espacios de diálogo entre las comunidades divididas. Es evidente que el Estado es incapaz por sí solo de remediar los déficits de riqueza y seguridad y debe contar con otros actores nacionales e internacionales para conseguir un equilibrio sostenible de paz y desarrollo.

En ese contexto, las empresas se constituyen como una pieza clave para articular el necesario crecimiento económico que rompa definitivamente el ciclo de pobreza y violencia. Ese papel esencial en el proceso de reconciliación y en la distribución de los dividendos de la paz debe tener como objetivo esencial integrar a los ciudadanos en un partenariado de reconstrucción más participativo después de los conflictos.

La mejora de las condiciones de vida y la creación de oportunidades profesionales deben ser el objetivo central para romper el círculo de pobreza y desempleo que en la actualidad constituyen las primeras causas de criminalidad y violencia, especialmente en los centros urbanos. Ahí las empresas desempeñan un papel fundamental de cohesión social. En las situaciones post-conflicto, la integración sociolaboral de jóvenes marginados que viven fuera del mercado o del sistema educativo fomentan una cultura de paz.

Los programas de inversión comunitaria, formación profesional, voluntariado corporativo, capacitación interna en derechos humanos, preservación y restitución medioambiental, dialogo intercultural o apoyo a planes locales de reducción de la violencia son iniciativas que las empresas pueden y deben aplicar en sus objetivos estratégicos.

Es necesario que las empresas integren la cultura de la paz y los derechos humanos en el núcleo duro de las organizaciones. Deben por tanto identificar los aspectos de su actividad que influyen sobre los derechos humanos, diseñar prácticas para su respeto y promoción, evaluar sus impactos y comprometer a todos los actores en los entornos donde operan.

Están en juego los derechos de varias generaciones; el derecho a la vida, a la seguridad; el precio de los alimentos, la libre asociación, la no discriminación, el salario digno, la inclusión social…; en definitiva, el derecho al desarrollo.

Ese nuevo modelo de empresa como actor y motor de la paz y los derechos humanos debe ser asumido desde dentro y extenderse a sus áreas de influencia; esto permitirá su legitimación social y sin duda aumentará su competitividad.

Las empresas pueden contribuir notablemente a romper el círculo vicioso de la violencia y la fractura social en los contextos de conflicto, extendiendo y visualizando sus buenas prácticas. Citando a Amartya Sen, “una empresa ética es un bien público, del que se beneficia la sociedad en su conjunto. Pero también pueden tratar de influir en el gobierno y en la sociedad para que se genere y se ponga en vigor una legitimización acorde con los derechos humanos”. El desarrollo no es solo tarea de los Estados. A la empresa también la compete ese objetivo, que no es otro que la construcción de una ciudadanía que comparta los valores de justicia, equidad y paz.

Eliseo Cuadrao de la Guía

Director de la Fundación General de la UCLM

Eliseo Cuadrao de la Guía
Eliseo Cuadrao de la Guía

Latest posts by Eliseo Cuadrao de la Guía (see all)

Categorias: Opinión

Commentarios

  1. Zori
    Zori 22 junio, 2016, 14:44

    Claro y cierto !
    Ese es el contexto del Programa Casa Volver de Cruz Roja en Bogota y para el cual estamos buscando recursos empresariales !!

    Reply this comment

Escribir Comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.
Campos Obligatorios*