La energía solar: renovable, limpia, barata, y una Responsabilidad Social

La energía solar: renovable, limpia, barata, y una Responsabilidad Social

Este año 2017 hemos sido testigos cómo poco a poco los países firmantes del Acuerdo de París han ido ratificándolo y se ha ido extendiendo la conciencia de la necesidad de su cumplimiento y del papel imprescindible que van a jugar las energías renovables en ello. Hace pocos años este mensaje hubiera supuesto que inmediatamente se hubiera hablado de los sobrecostes que para la economía tendría el cubrir las futuras necesidades energéticas con energías renovables en lugar de con combustibles fósiles.

Sin embargo, este año también se ha producido otro hecho: la eclosión de los precios de la energía fotovoltaica en las subastas internacionales. En licitaciones llevadas a cabo en países como México, Chile o Emiratos Árabes Unidos se han presentado ofertas que han marcado precios en su rango inferior de entre 20 y 30 euros/MWh.

Para que el lector no familiarizado comprenda la relevancia de estos precios, indicar que la media de los precios de mercado en España, fijados normalmente por las energías convencionales, se mueven en el entorno de los 50 euros MWh. Esto hace que el auténtico motor para el desarrollo de nuevos proyectos fotovoltaicos ya no sea el medio ambiente, sino su competitividad. El año pasado ya se consiguió un nuevo récord de potencia instalada con más de 50.000 nuevos MW, récord que se espera se pulverice este año.

Estos proyectos ya no se llevan a cabo en Europa, sino en los países asiáticos o iberoamericanos en los cuales lo que se busca no es reducir las emisiones de CO2, sino la garantía del suministro y la competitividad. En algunas licitaciones, como es el caso de Chile, las subastas eran completamente neutrales desplazándose a fuentes convencionales.  Esta es la buena noticia, contribuir a luchar contra el cambio climático ya no tiene por qué significar un encarecimiento de nuestro consumo energético, sino al revés, puede llevar en paralelo una reducción de los costes, al tiempo que para países como el nuestro con abundante recurso, conocimiento y experiencia en el sector constituye una ocasión para la generación de empleo y desarrollo industrial.

Si nuestras empresas, a pesar de la parálisis que ha sufrido el sector durante los últimos años, han conseguido desarrollarse internacionalmente y ocupar posiciones de liderazgo de Chile a Japón o desde el Reino Unido a EEUU, con un desarrollo adecuado del mercado nacional, este posicionamiento se fortalecería de manera importante.

Además de este aspecto de la energía solar, su capacidad de competir en el campo de las grandes instalaciones, su flexibilidad y capacidad de servir también para las instalaciones pequeñas, la hace ser protagonista de una de las novedades más interesantes que se están produciendo en el campo energético. Se está delineando una nueva senda que partiendo del autoconsumo con energía fotovoltaica, la gestión a la red de sus excedentes, la generación distribuida y las redes inteligentes finaliza unido a las transformaciones que se están dando en el mundo del transporte y de las telecomunicaciones en lo que se ha dado en llamar ciudades inteligentes, una transformación muy importante de la forma de producir y consumir energía que veremos consolidarse en nuestras ciudades en muy pocos años.

El autoconsumo vamos viendo cómo va creciendo de manera importante gracias al apoyo público en determinados países, más lentamente en nuestro país por la incomprensión de los responsables políticos, situación que esperamos va a mejorar en un futuro próximo. El no ser ya una carga económica está haciendo que en España empresas multinacionales estén optando por la realización de proyectos de autoconsumo en sus instalaciones como una medida imprescindible de responsabilidad social.

Desafortunadamente esta conciencia de Responsabilidad Social Empresarial no está tan presente en las empresas de matriz española, que todavía no estiman que vaya a mejorar su imagen corporativa el hecho de tener edificios que minimicen sus emisiones de CO2. Y quizás parte de la responsabilidad esté en los clientes, que todavía no le dan la importancia adecuada a la lucha contra el cambio climático. En esto reside la clave, esta lucha sólo tendrá éxito si ciudadanos, empresas y gobiernos interiorizamos que en todas nuestras decisiones una variable a considerar debe ser el minimizar nuestras emisiones de CO2. Sólo si esto se consigue se podrá conseguir limitar el impacto del cambio climático. Y la energía fotovoltaica es parte de la respuesta al problema.

Fuente: http://www.corresponsables.com

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