La incómoda verdad detrás de las baterías «verdes»

La incómoda verdad detrás de las baterías «verdes»

El futuro es renovable o, al menos, ese es el camino que marca la transición ecológica que, lentamente y con alguna reticencia que otra, ya ha comenzado a desplegarse en todo el mundo. El consumo de energías limpias es cada vez mayor y la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA) asegura que dejar atrás los combustibles fósiles, apostar por las alternativas más verdes y electrificar el parque móvil mundial es la única manera de mitigar los efectos del cambio climático y, a la vez, darle un impulso a la macroeconomía de los países y mejorar la calidad de vida de las personas. Esa misma institución afirma que las tecnologías relacionadas con las renovables son, en la actualidad, las más competitivas y tal vez por ello sean cada vez más los hogares, gobiernos, instituciones y empresas los que apuestan por ellas.

Sin embargo, no es oro todo lo que reluce. El estudio Responsible Minerals Sourcing for Renewable Energy, publicado por la Universidad tecnológica de Sídney e impulsado por la organización sin ánimo de lucro EarthWorks, advierte de que el futuro se presenta con un aumento drástico de la demanda de los materiales –en su mayoría minerales y metales– necesarios para fabricar las baterías de almacenaje de energía sobrante, de alimentación de coches eléctricos, turbinas o paneles solares. Es decir, la industria de las renovables favorecerá el crecimiento, al menos a corto plazo, de un tipo de minería que se localiza esencialmente en países empobrecidos. Precisamente por esto último, el estudio pone en evidencia que si no se toman medidas que garanticen el bienestar de las personas, el coste medioambiental y social será demasiado elevado. Los autores de la investigación alertan de la necesidad de encontrar una alternativa eficiente a las tradicionales explotaciones mineras en zonas vulnerables. Payal Sampat, director del programa de minería de Eathworks, explica que «ya conocemos los impactos medioambientales, sociales y en los derechos humanos que la extracción de minerales tiene en las comunidades en las que se produce y es inimaginable pensar en cómo ampliar la industria podría beneficiar a nadie».

En el futuro aumentará drásticamente la demanda de materiales para fabricar baterías

Las implicaciones sociales y medioambientales que se puedan producir en el ciclo de la cadena de suministro podrían contrarrestar, según los autores del informe, los beneficios de la tan necesaria transición ecológica. Por ello, tras estudiar el proceso de extracción de las catorce materias primas más utilizadas en el sector de las renovables –entre las que se encuentran el cobre, cobalto, níquel, tierra rara, litio o plata– y todo el ciclo hasta que los metales se convierten en el producto final, se ha llegado a la conclusión de que todo ello –desde la extracción de minerales o metales hasta el ensamblaje de las piezas– «debe gestionarse de manera adecuada para evitar la creación de impactos sociales y medioambientales adversos». De no ser así, se correría el peligro de caer en una transición injusta y poco sostenible.

Para evitar esa paradoja de la transición ecológica no sostenible, los investigadores australianos autores del informe, Elsa Dominish, Sven Teske y Nick Florin, han hecho algunas recomendaciones a la industria para que esta eleve los estándares mínimos durante todo el proceso, especialmente en la extracción de minerales. El estudio pone de relieve la importancia del reciclaje de metales y el suministro responsable como estrategias clave de las empresas de renovables para promover la gestión ambiental y el respeto de los derechos humanos en toda la cadena de suministro. «Si se mejora la eficiencia y la vida útil de los metales –y, por tanto, se aumentan las tasas de reciclado de los mismos–, seremos capaces de reducir la demanda de materias primas», se explica en el documento. En aquellos lugares en los que no sea posible reciclar los metales, aconsejan que se ponga el foco sobre el abastecimiento responsable y la protección de los trabajadores para evitar un impacto social y medioambiental negativo.

Para los autores del informe, la industria de los vehículos eléctricos y de las baterías de almacenamiento de renovables tienen la responsabilidad de motivar e incentivar a las empresas mineras para que certifiquen la sostenibilidad de sus minas y de sus prácticas. Como concluyen, «la transición energética es una oportunidad para promover la gestión responsable tanto de las materias primas como de las tecnologías cuando acaban su vida útil». Esa es la única manera de mejorar la calidad de vida de las poblaciones mineras y asegurarnos de que la transición ecológica no se deje a nadie en el camino.

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