La responsabilidad de la Administración pública en el impulso de la I+D

En comparación con otros países europeos, las Administraciones españolas mantienen unos presupuestos muy bajos para la partida de I+D, influidas a partes iguales por la austeridad impuesta por Hacienda y la falta de réditos a corto plazo que genera dicha actividad. Solo diversos sectores innovadores, como el de las TIC, el biotecnológico o el farmacéutico, invierten en ella un gran porcentaje de sus beneficios, algo imprescindible para su supervivencia.

Más de un siglo ha pasado desde aquella disputa entre Miguel de Unamuno y José Ortega y Gasset que hizo célebre la frase Que inventen ellos, una expresión que a día de hoy sigue teniendo vigencia en España, a tenor de las cifras de inversión en I+D que se manejan. Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) y de Eurostat, entre 2009 y 2016 los recursos destinados por el sistema público a este fin han caído un 12,6%,frente al crecimiento del 17,6% de media de la UE o del 35% de Alemania.

Si se mira hacia el sector privado, las cifras tampoco son halagüeñas: en el mismo periodo la inversión de las empresas españolas cayó un 5,8%, frente al crecimiento del 62% de las de Reino Unido, del 34% en Alemania y casi del 22% de media en la UE. No obstante, esta caída va muy de la mano de la falta de apoyos por parte del ámbito público, ya que la mayoría de las compañías de componente investigador son pymes con necesidad de financiación que buscan, sin apenas encontrarlo, apoyo en las ayudas del Estado.

¿Por qué ocurre esto cuando los presupuestos dirigidos a fomentar esta partida llevan creciendo desde 2013?  “Gran parte de la dotación anual que se dedica a la I+D no se ejecuta, ya que un importante porcentaje está destinado a la concesión de unos préstamos que muy pocos pueden solicitar”, apunta Ion Arocena, director general de la Asociación Española de Bioempresas (Asebio).

Según datos recientes de la Confederación de Sociedades Científicas de España (Cosce), en 2016 quedó sin ejecutarse casi un 62% del presupuesto, cerca de 3.900 millones de euros. Y para este 2017 que se acaba se espera un resultado muy parecido, ya que de los 6.513,78 millones de euros aprobados (casi 84,2 millones más que en 2016) se han destinado 3.900 millones a fondos financieros, cerca de un 4% más, en detrimento de los no financieros (-2,36%).

“No se trata de desdeñar las ayudas vía préstamo, sino de cambiar sus mecanismos. Hay que darles coherencia, que cumplan su objetivo de servir para el desarrollo de sectores productivos de I+D+i, no para llevar a las empresas a liquidación”, sopesa Andrés Ballesteros, delegado de la Comisión de Retos Transversales de Asebio.

 

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