Las 10 lecciones que nos ha dado Madrid Central

Las 10 lecciones que nos ha dado Madrid Central

Se ha utilizado como arma electoral, ha llenado telediarios y páginas de periódico, y ha ocupado millones de tuits arrojadizos. Aún no está claro quién se sentará en la alcaldía de la capital, pero Madrid Central ya está sobre la mesa de todos los que podrían ocupar despachos y tomar decisiones. El 30 de noviembre la capital estrenaba nuevo mapa de transporte privado contra la contaminación (y las multas de Europa), que traía bajo el brazo la voluntad de no sancionar durante los tres primeros meses y que suscitó no pocas dudas entre los ciudadanos. Analizamos con reconocidos urbanistas, arquitectos, consultores de cambio climático y ecologistas las diez lecciones aprendidas con el cierre del centro al tráfico.

«Ningún gobernante debería poner la voluntad individual por encima de la salud pública»
Es lo que defiende el director de la Fundación Ecología y Desarrollo (Ecodes), Víctor Viñuales, que vive en Zaragoza. «En Donosti tuve la oportunidad de acercarme a la representante del Ayuntamiento de Madrid y le di las gracias porque habían tenido el coraje, inexistente hasta entonces en las ciudades españolas, de plantear algo que, por obvio, es extremadamente triste que no hubiera salido antes. Estamos hablando de la salud, especialmente de niños y ancianos. No puede ser la salud menos importante que el derecho a circular en coche de un individuo. La Administración ha pecado por omisión: conocen los datos de muertes por contaminación y no hacen nada».

«Contaminar (nos) cuesta no solo salud, también dinero»
España se libró de la multa que le imponía la UE por las políticas aplicadas por Barcelona y Madrid para combatir la contaminación por tráfico de coches. Países con posiblemente más conciencia ambiental que España no pasaron el corte. «Todos los multados estaban incumpliendo crónicamente los valores de calidad del aire y el Tribunal de Justicia Europeo nos dio un ultimátum. Con las políticas aplicadas, para el 2021 cumplimos. Hubo recelo por parte de ciudades como Londres, que no pasó, y en otros países como Italia, Alemania y Francia. Estos cuatro países han hecho mucho, pero muchas zonas incumplían. España lo hizo bien: puso Madrid Central y se libró. Pero si seis meses después llega otro ayuntamiento y lo quita, no tiene un pase, no es serio». Es lo que cuenta Juan Bárcena, de Ecologistas en Acción. Recuerda que, mientras la ciudad ponía en marcha Madrid Central, «Londres hacía su ‘ultra low emission zone’, un movimiento para intentar parar la multa y recuperarse de la popularidad política que les trajo no cumplir con la salud de tus habitantes. Todos los países de Europa han tomado medidas más exigentes y escalonadas que Madrid. En Milán han fortificado su peaje de entrada; Holanda quiere quitar el 30% de sus coches y París quiere hacer un París Central. Hemos sido los abanderados de esto, si ahora vamos para atrás, imagínate. Si quitamos Madrid Central, no tenemos nada»

«El PP ya había planteado ‘otro’ Madrid Central mucho antes»
Recuerda el arquitecto y urbanista Jon Aguirre Such, socio de Paisaje Transversal, oficina de planificación urbana integral, que «el PP planteó, con Alberto Ruíz Gallardón de alcalde, el Plan Madrid Centro, muy parecido en forma y fondo a Madrid Central, se llamaba Plan Madrid Centro. De hecho, era bastante más ambicioso que este, pues abarcaba cerrar el tráfico a toda la almendra central». Explica que se lo encargaron al actual Decano del Colegio de Arquitectos de Madrid, José M. Ezquiaga, junto a Juan Herreros y Salvador Pérez Arroyos. «El PP hizo las llamadas Áreas de Prioridad Residencial (APR) y Mariano Rajoy presentó el llamado Plan A, que había hecho Ahora Madrid, para controlar la calidad del aire, para evitar la multa que podría venir por llevar 10 años incumpliendo. Ahora lo han convertido en una batalla ideológica cuando es una cuestión que viene determinada desde Europa, donde se ha pedido a los países que limiten su tráfico en relación con la calidad del aire. Tenemos prórroga hasta 2020 y es necesario hacer mucho más. Además del imperativo de Europa, que nos va a costar mucho dinero de las arcas públicas, es la salud: cinco millones de muertes al año es una cuestión pandémica».

«Conocemos mejor las cifras de muertes por tráfico que las de contaminación»
Uno de los debates que ha despertado Madrid Central es el relativo a la información real y actualizada de las enfermedades e ingresos en centros de salud y hospitalarios debido a la contaminación. Con la cantidad de datos que genera una ciudad y la digitalización de las consultas, choca que no se conozcan estos datos igual que se conocen las muertes por tráfico. Estos expertos coinciden en que esta información debería ser transparente y reflejarse como «víctimas de la contaminación». «En realidad lo que está pasando con el tema de la contaminación y la salud es la filosofía del ‘ojos que no ven, corazón que no siente’. Frente a las muertes de tráfico, se produjo una reacción y política pública muy potente, pero además se actuó de forma firme con multas, carné por puntos…», añade el director de Ecodes. Desde Ecologistas en Acción resaltan que «ayudaría mucho que se tuvieran datos más cercanos de cuando hay picos de contaminación, cuando nos consta que aumentan las visitas a urgencias; con un modelo parecido al de los accidentes de tráfico –niños sin cinturón, muertes en carretera…– porque aquello ayudó a concienciar». Insisten en que «la Agencia Europea del Medio Ambiente hace informes de contaminación atmosférica y da datos y proyecciones de muertes atribuibles por contaminantes, pero España, el Gobierno Central, no lo hace». En esto, recuerdan, «el Ayuntamiento no tiene competencias».

«Este tipo de medidas deben implementarse en los dos primeros años de legislatura»
Es una opinión mantenida por todos los expertos entrevistados. Según el arquitecto y urbanista Jon Aguirre Such, «en políticas de movilidad te puedes llamar Ayuntamiento del cambio si te atreves a cambiar cosas desde el primer día, como hizo Pontevedra, que cerró el tráfico el primer día o Donosti, Sevilla y Valencia». «Es lo que debería haber hecho el Ayuntamiento, actuar el primer año y tomarse tres años para generar un relato sobre esto, dando datos. Porque la gente necesita ver resultados, interiorizarlos y que el proyecto se consolide de forma social. Lo han tenido difícil, me consta, pero ha llegado tarde. El primer año se planifica, se analizan problemas y se diseñan y planifican soluciones. El segundo, implementas y ejecutas cosas que están claras desde el inicio, cumples tu agenda». El portavoz de Ecologistas en Acción, que ha seguido el proyecto en primera fila, asegura que «ha sido un proceso largo de la burocracia, pero en otros sitios siempre se ha hecho al principio de la legislatura, porque al final de la misma, la gente ve los buenos resultados y nadie se acuerda del arranque, siempre difícil. Hubiera sido importante que fuera al principio».

«Estamos mucho más concienciados de lo que nos dicen»
Poca gente sabe que cuando no se multaba por pasar por la Gran Vía sí se tomaba nota de cuántos vehículos incumplían la norma. Pues bien, según Ecologistas en Acción, el 80% de los que circulaban por ese tramo lo hacían de forma legal, solo un 20% de los vehículos transitaban la arteria central de forma alegal. «Salvo la caverna mediática, no ha habido reacción social contraria. Excepto el reportero aquel que buscaba alguien que le dijera algo malo sobre Madrid Central. Se ha visto que ha encajado muy bien, incluso se ha visto cómo favorece. Ha habido un consenso social grande y eso es una buena noticia, porque muchas veces estas medidas no se toman por el miedo a la impopularidad», defiende Bárcena. Desde Paisaje Transversal aseguran que «incluso el votante de derechas aplaude el cierre y conozco a muchos que están convencidos en que mejora su urbanismo». Todos comparten que la medida está consolidada. «Lo más interesante es que desde el primer día la gente lo ha acatado. Con los parquímetros sí que se amotinó la gente; hubo oposición y rechazo igual que con la ley antitabaco, aquí no ha sido así», replican desde Ecologistas en Acción.

«El área de Madrid Central es, en realidad, muy pequeña»
Los cambios de este tipo no solo mejoran la calidad del aire, también el urbanismo de la ciudad. Es lo que defiende Aguirre Such, para quien «Madrid Central ha sido una demostración de que repercute en mejor calidad de vida para sus habitantes, pero debería ampliarse aún más». No en vano, hemos visto recientemente en la prensa la comparativa entre una superficie homóloga en ciudades como Ámsterdam y Berlín, y Madrid Central parece ridículo a su lado. Lo que diferencia a estas ciudades de Madrid es su compromiso por el urbanismo y la movilidad. «Es inseparable», recuerda el arquitecto. «Este tipo de medidas se tienen que adoptar planteando facilidades a nivel transporte público, aparcamientos disuasorios; hay que utilizar infraestructuras en desuso o infrautilizadas. Limitar el uso del coche depende de encontrar con facilidad modos alternativos de movilidad: transporte público, bici… En Madrid aún hay todo un trabajo que hacer con la movilidad ciclista, con mucha mayor dotación de carriles bici, y ahí tenemos el ejemplo de Valencia».

«Los autobuses de la EMT hacen más trayectos en menos tiempo»
La fórmula es fácil… Menos coches en la vía, mayor fluidez de tráfico. El gerente de la EMT, Álvaro Fernández Heredia, ha asegurado que, aunque es una tendencia acumulada, por primera vez sube el uso del transporte público. «Hay muchos factores, entre ellos el carsharing, claro, pero hay un patrón claro y datos. El coche, eléctrico y de alquiler, se usa cuando se necesita, mucho menos que el particular, y se usa más autobús. Con menos coches circulando, los autobuses están funcionando mejor, más puntuales. En el mismo tiempo hacen más vueltas. Es un círculo virtuoso. El servicio es mejor y más gente lo usa. Cada mes está habiendo récords de usuarios de la EMT», explica Bárcena.

«No solo mejoró el aire del centro, sino de toda la ciudad»
Según asegura Ecologistas en Acción –y queda constatado en sus informes mensuales– han bajado los niveles de contaminación no solo en Madrid Central, sino en toda la ciudad. «Se habló de un efecto frontera, que había contaminación fuera de Madrid Central, pero fue por la meteorología. En el primer trimestre hubo solo cuatro días de lluvia, cuando debiera haber treinta. Enero y febrero fueron malos por esta razón, pero en el segundo trimestre el descenso es radical». En mayo se alcanzó el récord: la reducción de dióxido de nitrógeno (NO2) en toda la red de medición de la contaminación de la ciudad de Madrid se redujo a «niveles históricos», una caída que es especialmente significativa en el centro y en el norte de la capital. «El registro más bajo de los últimos diez años», indican.

«El Ayuntamiento es responsable de legislar sobre la primera causa de contaminación»
La contaminación en la capital procede, en su mayoría, del tráfico rodado, que «supone el 70% u 85% del total de emisiones en Madrid», explica Bárcena. El ecologista recuerda que las calefacciones –tanto de industria, oficinas y casas particulares– representan un 6% del total de emisiones, y el aeropuerto –con los vuelos y el funcionamiento del mismo– un 2%. El Consistorio no tiene competencias en la instalación de AENA (estatal), pero sí puede intervenir, hasta cierto punto, en las chimeneas, «a través de programas de sustitución de viejas calderas, con especial atención a las de carbón, que queda unas 1.000 en Madrid; está mapeado», explican desde Ecologistas y, por supuesto, en el tráfico de la ciudad. Por tanto, el Ayuntamiento, con Madrid Central, no ha hecho más que los deberes: regular el tráfico, esto es, actuar sobre la primera causa de contaminación. «Madrid hizo lo que debía hacer: regular el tráfico. El Ayuntamiento debe actuar primero por la salud de sus ciudadanos y después porque tiene que cumplir sus compromisos medioambientales. Se trata de una ciudad suscrita al Acuerdo de París y su compromiso pasa por reducir la contaminación del transporte privado», recuerda el consultor de innovación y cambio climático, Ángel Cano, representante de Climate Reality (Al Gore) en España y fundador del proyecto Despierta.

Fuente: https://ethic.es

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